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    Wanda Nara, Mauro Icardi, La China Suárez y la difusión de fotos íntimas: el límite de la hoguera pública

    El escándalo de una supuesta infidelidad estalló en las redes y fue comentado en todos los ámbitos. Viralizar material sin consentimiento promueve el acoso virtual.

    La crisis entre Wanda Nara y Mauro Icardi con la China Suárez en medio del escándalo es mucho más que una novela de la tarde: interesa más que la campaña electoral y tiene copada la conversación pública desde la primera historia que subió ella a Instagram el fin de semana. No importa cuántas veces él trate de dar por cerrado el conflicto porque la curiosidad colectiva está lejos de agotarse. ¿Cómo resistirse cuando son los protagonistas los que avivan la llama de la hoguera pública con fotos, likes unfollows estratégicos? Pero hay un problema: a veces el fuego se descontrola.

    El “WandaGate”: la difusión de imágenes íntimas tiene que ser un límite

    La difusión de imágenes íntimas tiene que ser un límite. De hecho lo es: está penado como una contravención en la Ciudad de Buenos Aires y varios movimientos de abogados reclaman que se lo considere delito en todo el país. Se supone que la China Suárez le mandó fotos íntimas a Mauro Icardi. Se supone que esas fotos ya están en poder de más personas que ellos dos. Se supone que esas fotos podrían “filtrarse”. Parece ridículo aclararlo pero las fotos no son líquidas: si se filtran es porque alguien -una persona de carne y hueso- las pone en circulación y si se hacen virales será con la colaboración de todo aquel que la reciba gustoso, la pida o la reenvíe. Cuenta cada grupo de WhatsApp.

    La mala esta vez -otra vez- es la China Suárez. La mirada feminista dirá que se la castiga por ser deseante. Otra corriente podría preguntarse si hay algo patriarcal en la búsqueda de hombres casados.

    No se puede alentar directa o indirectamente la difusión de material íntimo de una mujer sin su consentimiento, o comentar cómo es el mismo con expresiones degradantes en plena televisión abierta como si fuera una charla en un bar. Mucho menos advertir sobre su posible viralización en un tono cuasi intimidante y jocoso, porque lo que termina pasando es que se promueve el acoso virtual o la difusión no consentida de este material y se aviva la búsqueda del contenido en la web y por distintos medios”, asegura la abogada Florencia Zerda, autora del libro Violencia de género digital.

    Nosotros, los voyeurs

    Las redes sociales llevaron al paroxismo la tendencia de los famosos a convertir su intimidad en material de consumo. Ya no tenemos que esperar a que abran las puertas de sus casas a las revistas porque son ellos y ellas las que nos llevan a un constante detrás de escena. Aún cuando se llenen de filtros y decidan cuidadosamente qué mostrar -y qué no- la ilusión es que tenemos acceso total.

    Wanda Nara y la China Suárez. (Foto: instagram/wanda_icardi - sangrejaponesa).
    Wanda Nara y la China Suárez. (Foto: instagram/wanda_icardi – sangrejaponesa).

    El conflicto de pareja llevado a ese terreno nos participa como jurado popular y desde esa tribuna demandamos ver la totalidad de la evidencia para declamar cual es nuestro “team”. El sexting es una práctica tan habitual que el ministerio de Salud nos habló del tema en pandemia. Podemos discutir si es o no una infidelidad y jamás llegar a un punto de acuerdo porque qué se puede y qué no es un pacto que hace cada pareja. Pero el sexting sí es intimidad y su difusión -o la amenaza de difundirlo- no puede ser parte del debate.

    La pollera corta

    El interés sostenido en el tema tiene varias explicaciones: la maestría con la que Wanda Nara maneja su autopromoción y la universalidad del asunto. Incluso los protagonistas de este escándalo ya habían sido parte de otros triángulos e intrigas. No es casualidad que el foco esté más en ellas que en Icardi, que pasó de villano traidor de su amigo a víctima de sus impulsos naturales en estos capítulos del 2021. La mala esta vez -otra vez- es la China Suárez.

    La mirada feminista dirá que se la castiga por ser deseante. Otra corriente podría preguntarse si hay algo patriarcal en la búsqueda de hombres casados. No necesitamos aplaudir a la China Suarez ni medirle la sororidad en sangre para trazar el límite. Si buscó, si propició, si instigó, si tenía la pollera corta: si sus fotos íntimas se entregan a la hoguera de nuestro consumo, el fuego va a estar descontrolado.

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