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Canadá autorizó la vacuna de AstraZeneca contra el COVID-19

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Los reguladores canadienses autorizaron este viernes la vacuna de AstraZeneca contra el coronavirus. Se trata de la tercera vacuna contra la enfermedad de COVID-19 que recibe luz verde en Canadá, luego de las de Pfizer y Moderna.

El Ministerio de Salud canadiense aprobó el uso de la vacuna para personas mayores de 18 años. Algunos países, entre ellos Francia, han autorizado que la vacuna de AstraZeneca sea aplicada solo en personas menores a los 65 años, bajo el argumento de que no existe evidencia suficiente para concluir que funcione en los adultos mayores. Bélgica incluso aprobó su uso solamente para personas de 55 años o menos. Los ensayos generales han mostrado que la vacuna tiene alrededor de 62 por ciento de eficacia general.

No obstante, el ministro de Sanidad del país norteamericano dijo que tras meses de revisión de los datos proporcionados por la compañía farmacéutica, el medicamento no presenta “importantes preocupaciones de seguridad y la vacuna fue tolerada bien por los participantes” en las pruebas clínicas.

El primer ministro de Canadá, Justin Trudeau, afirmó hoy durante una rueda de prensa que la autorización del uso de la vacuna de AstraZeneca “es muy alentador”. “Significa más gente vacunada y más pronto”, añadió el gobernante canadiense.El primer ministro canadiense Justin Trudeau. Foto: REUTERS/Blair GableEl primer ministro canadiense Justin Trudeau. Foto: REUTERS/Blair Gable

Canadá ha acordado con AstraZeneca la adquisición de 20 millones de dosis de la vacuna, que llegarán en el segundo y tercer trimestres del año. Como las vacunas de Pfizer y Moderna, la de AstraZeneca necesita dos dosis para asegurar la inmunización.

Pero Trudeau reveló que su Gobierno ha negociado con India, uno de los países donde se produce la vacuna de AstraZeneca, la adquisición de forma inmediata de 2 millones adicionales de dosis de la vacuna.

En los dos últimos meses, Canadá ha sufrido problemas de suministro de las vacunas contratadas con Pfizer y Moderna, lo que ha ralentizado las campañas de vacunación en el país. Canadá y muchos países europeos han batallado para vacunar a la población al ritmo acelerado de Gran Bretaña, Israel, Estados Unidos y otros lugares.

El Ministerio de Sanidad de Canadá recomendó que la segunda dosis de la vacuna de AstraZeneca sea administrada entre cuatro y 12 semanas después de la primera.

Las autoridades sanitarias canadienses están revisando también las vacunas producidas por Johnson & Johnson y Novavax para certificar su uso. Canadá ha asegurado 10 millones de dosis de Johnson & Johnson, con opción de compra de otras 28 millones de dosis.

Sin embargo, la farmacéutica ha experimentado problemas para garantizar el suministro de dosis prometidas. Esta semana le informó al gobierno de Estados Unidos que, en caso de ser aprobada allí -como se espera que suceda durante el fin de semana- podría entregar de inmediato entre 3 y 4 millones de vacunas, en vez de las 10 millones prometidas.

Según el conteo de la agencia Bloomberg, Canadá ha administrado 4,5 dosis por cada 100 personas. El 2,2 por ciento de los 37,59 millones de habitantes del país recibió al menos una vacuna, mientras que el 1,3 está completamente inmunizado.

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Evo Morales, Rafael Correa y el ocaso de los dictadorzuelos

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“Dictadorzuelo”, fue Luis Almagro quien introdujo el término en nuestra conversación. Denota un autócrata devaluado, una suerte de aspirante que no alcanza a ser un dictador hecho y derecho. Un tirano chaplinesco, por lo absurdo, pero no menos cruel en su arbitrariedad. Contrasta con los burócratas de Wajda, donde el poder es frío, cristalizado en el aparato del Estado-partido y su juridicidad.

La metáfora cinematográfica para ilustrar el punto. En mayo de 2016 Almagro había dicho que si Maduro impedía el referendo revocatorio, según manda la Constitución, se convertiría en “un dictadorzuelo más”. Y así ocurrió nomás, aún al precio de la legalidad establecida por su propia Constitución, la de 1999, la Bolivariana, la de Chávez.

Es un rasgo inequívoco del deterioro de estos regímenes: construyen una estructura legal a voluntad, reescriben constituciones y reorganizan el Estado a discreción, para quebrantar ese orden ellos mismos al poco tiempo. No se trata de una autocracia normada; es decir, anclada en instituciones y leyes como es en el totalitarismo y en algunos autoritarismos (Franco y Pinochet, por ejemplo). Eso los hace meros dictadorzuelos.

A la par del petróleo, fue un producto de exportación bolivariano. De ahí que surgieran imitadores reproduciendo el mismo ciclo: una fase inicial de auge basado en la bonanza de precios, la caída posterior ante el agotamiento de recursos y el consiguiente aumento del costo de mantenerse en el poder, obligándolos a recurrir a trucos y artimañas para tal efecto, cuando no directamente a la coerción.

Originalmente benévolo, el líder (populista, si es del gusto del lector, término acerca del cual soy agnóstico) ahora se transforma en dictadorzuelo. Ya no le alcanza con su carisma y el reparto demagógico. Ahora se hace necesario corromper jueces, perseguir periodistas, amañar elecciones e ignorar la legalidad—por ellos mismos diseñada, insisto—para quedarse más tiempo del estipulado; el infaltable rasgo de familia. O bien partir para recuperar oxígeno y volver más tarde, intentando recrear el mismo esquema.

En versión vernácula de “l’État, c’est moi”, patrimonialismo caribeño—o andino, si se prefiere—en lugar de absolutismo francés, es un Estado que funciona como propiedad privada en el uso de los recursos y de los símbolos y rituales por igual, como en el cuadro de un Bolívar parecido a Chávez. O como la carta de José de San Martín a Bernardo O’Higgins encontrada en la residencia de Cristina Kirchner en Calafate; en tal caso un patrimonialismo patagónico.

Inevitablemente, llega el momento en que se convierten en un pasivo para sus mismos seguidores, es la fatídica señal del ocaso. Como Evo Morales, hoy un problema insoluble para su propio partido.

La fórmula Arce-Choquehuanca venció en octubre de 2020 en primera vuelta, un resultado anómalo en el contexto de la tendencia registrada desde febrero de 2016 en el plebiscito, en octubre de 2019 en la elección dolosa, y en marzo-abril de 2021 en las subnacionales. En las tres derrotas Evo Morales fue el protagonista; en la única victoria, estaba en Argentina.

Una vez de regreso reconoció haber viajado a La Habana “a una reunión de planificación con Cuba y Venezuela”. Lo cual tuvo efectos en la derrota electoral del 7 de marzo y cuya repuesta, a su vez, fue cooptar el Poder Judicial para absolver amigos y perseguir adversarios políticos vulnerando sus derechos. El caso más notable—pero no el único—es el de la expresidente Jeanine Áñez.

De ahí el desastre electoral del MAS en la segunda vuelta de las regionales, frente a lo cual Morales convocó a una “reunión de emergencia” para tratar la crisis del partido, según informa la prensa. Curioso, en realidad la crisis del partido es él mismo, marioneta del castro-chavismo y dictadorzuelo en el ocaso. Lo mejor que puede hacer el MAS para ser viable en democracia es distanciarse de él.

Todos hechos relevantes para Ecuador, pues tuvieron impacto en la reciente contienda electoral. Al mismo tiempo que aumentaba la temperatura en las campañas de Lasso y Arauz, Delfin de Rafael Correa, se desplegaba la persecución político-judicial en Bolivia. En paralelo y como caja de resonancia boliviana los renombrados trolls de Correa posteaban tweets intimidatorios hacia sus adversarios sin diferenciación alguna entre ellos.

La posibilidad de una persecución similar en Ecuador—y la hipótesis de la exoneración y el regreso de Correa, hoy sentenciado y prófugo—comenzó a tomar visos de realidad. Las amenazas correístas empujaron el discurso de Lasso hacia el centro, acercándolo a grupos feministas, ambientalistas, artistas y la comunidad LGTB. Es improbable que Evo Morales sepa que tuvo una participación importante en la elección; la de Ecuador, esto es.

La diferencia inicial a favor de Arauz, que había comenzado a acortarse, se evaporó por completo en los últimos días. Lasso venció 52.5% a 47.5%. Se dice que el voto por él fue “útil”, para evitar el regreso del correísmo. Pues en nada desmerece su victoria, esa es precisamente la lógica centrípeta del sistema francés de doble vuelta: ser aceptable para quienes votaron por otro en la primera y ensanchar el centro. Estabiliza.

Esa misma noche el país y el mundo vieron un triunfador magnánimo y un derrotado digno. Lasso informó que Arauz lo había llamado para felicitarlo por la victoria, que conversaron amablemente y acordaron trabajar juntos para bien de los ecuatorianos. Son los exquisitos rituales de la democracia, infrecuentes en esta parte del mundo. De pronto, Correa quedó solo y tuvo que hacer lo inimaginable en él y reconocer la derrota.

Ecuador tiene la oportunidad de reconstruir su sistema político, con partidos representativos y en el marco de la normalidad constitucional, con separación de poderes, alternancia y vigencia de los derechos humanos. Lasso debe continuar el trabajo de Lenin Moreno, quien a pesar de la constante desestabilización del correísmo logró salvaguardar la democracia. La fragmentación parlamentaria surgida de la elección exige cautela y sensatez, estadistas además de políticos.

Pero claro que para que todo ello sea realidad una condición es necesaria: que Arauz deje de ser Delfín, que asuma un liderazgo opositor pro-sistema y que deje a Correa donde está, así como lo abandonó al llamar a Lasso y reconocer su victoria con elegancia. Que ese sea el testimonio del ocaso de los dictadorzuelos y la lección para toda una región.

Nota: agradezco a @bonilcaricatura por la ilustración que acompaña esta columna.

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Mario Vargas Llosa: “Los peruanos deben votar por Keiko Fujimori, pues representa el mal menor”

Después de mantenerse en silencio durante la campaña electoral, el escritor detalló el peligro que significa para su país un triunfo de Pedro Castillo en el ballotage del 6 de junio. “Su gobierno será calcado del que inauguró el comandante Chávez en Venezuela, el Socialismo del siglo XXI”, advirtió

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El premio Nobel de Literatura peruano Mario Vargas Llosa, omnipresente en la política peruana en las últimas tres décadas apoyando o demoliendo candidatos, había sido el gran ausente en la campaña electoral de su país… Hasta hoy, que en una columna publicada en el diario mexicano Crónica, titulada “Asomándose al abismo”, sentenció: “Los peruanos deben votar por Keiko Fujimori, pues representa el mal menor”.

Para Vargas Llosa, la victoria en primera vuelta del “maestro provinciano” Pedro Castillo fue una sorpresa y advirtió que de triunfar en el ballotage del 6 de junio, su Gobierno desembocará en un golpe de Estado militar y en un calco del régimen chavista.

El escritor asegura que Castillo sigue las ideas inspiradas en “sus dos maestros”, el boliviano Evo Morales y el ecuatoriano Rafael Correa, quien, recuerda, “no puede poner los pies en su país pues iría a la cárcel, donde ha sido condenado por delitos cometidos durante su gestión presidencial”. También señala que Morales se ha precipitado a felicitar a Castillo y que hay rumores de que habría apoyado económicamente su candidatura.

“Si gana la segunda vuelta electoral, Pedro Castillo se propone establecer una Economía popular con mercados, inspirado, justamente, en el modelo de Bolivia y del Ecuador (que ahora, con la victoria presidencial de Guillermo Lasso, cambiará radicalmente). Los contratos estatales se renegociarán, pues, a juicio de Castillo, en la actualidad ‘las transnacionales se quedan con el 70% de las ganancias y el Estado solo con el 30%’”. Y continúa: “Esto significa que el Estado ‘privatizador y exportador de capitales cambiará y será en adelante un Estado nacionalizador soberano que fortalezca la economía interna invirtiendo sus capitales en el país’. Las empresas que no acepten este planteamiento serán nacionalizadas, así como los principales yacimientos mineros, gasíferos, petroleros y centros energéticos, pues Castillo quiere acabar con la minería nacional, que le parece incompatible con una política de defensa genuina de la naturaleza y una política social de progreso”.

Pedro Castillo, candidato presidencial del partido Perú Libre (EFE)Pedro Castillo, candidato presidencial del partido Perú Libre (EFE)

Si bien Castillo no derogará la Constitución, sí aseguró que todos los tratados internacionales serán revisados, “de modo que en el futuro no haya en el Perú la inicua desproporción que ‘hace ganar a un patrón veinte veces lo que gana un obrero’”.

No haría falta mucho más para indicar que el Perú de Pedro Castillo integrará los países que, siguiendo al Gobierno de México, quieren resucitar el grupo de Puebla y romper con el grupo llamado de Lima. En otras palabras, será calcado del que inauguró el comandante Chávez en Venezuela, el Socialismo del siglo XXI, que ha obligado a más de cinco millones de venezolanos a emigrar a los países vecinos para no morirse de hambre”, explica Vargas Llosa.

Para el escritor, la sociedad que va a crear Pedro Castillo, “tendrá todas las características de una sociedad comunista, en una época en la que –los peruanos que votaron por él no parecen haberse dado cuenta todavía- el comunismo ha desaparecido del planeta, con las excepciones más horripilantes, es decir Cuba, Venezuela, Nicaragua y Corea del Norte”.

Y advierte: “Tengo el convencimiento absoluto de que si Castillo, con semejantes ideas, llega a tomar el poder en la segunda vuelta electoral, dentro de un par de meses, no volverá a haber elecciones limpias en el Perú, donde, en el futuro, aquellas serán una parodia, como las que organiza de tanto en tanto Nicolás Maduro en Venezuela para justificar su régimen impopular”.

Vargas Llosa explica que un Gobierno de Castillo probablemente desembocará en un golpe de Estado militar a corto plazo en el Perú: “De militares derechistas, o izquierdistas a la manera ‘velasquista’, que, como ha ocurrido siempre en nuestra historia, retrocederá bárbaramente al país y lo empobrecerá mucho más de lo que está”.

“Querer acabar con la minería, que es la riqueza de los Andes peruanos, es una temeridad sin precedentes, hija de la pura ignorancia, que sofocaría una de las fuentes básicas del desarrollo nacional”, escribió indignado.

Además, recuerda que en el campo social Castillo es de extrema derecha: “Está contra los matrimonios gay, la enseñanza sexual en las escuelas y el aborto, campo en el que coincide íntegramente con la Iglesia católica que ha dado una batalla últimamente contra los intentos de la izquierda y el centro más progresista en defensa de la mujer y los derechos de los homosexuales a ser considerados normales y en igualdad con los heterosexuales, algo que siempre he apoyado”.

Luego de enumerar los peligros que, a su entender, supone Castillo, el premio Nobel de Literatura explica que ese “abismo” que describe la tiene como contrincante a Keiko Fujimori, “que hasta ahora ha defendido a su padre, el ex dictador, de quien estuvo provisionalmente distanciada, pero ya no, pues ha prometido indultarlo si llega al poder”. Y recuerda que “ella participó, además, de manera muy directa, beneficiándose de la dictadura, y está acusada por el Poder judicial de haberse lucrado con la Operación Lava Jato, de la que habría recibido dinero, por lo cual el Poder Judicial ha pedido para ella treinta años de cárcel”.

Vargas Llosa y Alberto Fujimori en el debate presidencial de 1990Vargas Llosa y Alberto Fujimori en el debate presidencial de 1990

La postura de Vargas Llosa sorprende porque ha combatido al fujimorismo de manera sistemática. De hecho, en 1990 el escritor fundó el Movimiento Libertad y se postuló para la presidencia de Perú, que perdió en segunda vuelta contra él.

Sin embargo, sentencia: “Creo que en las elecciones que se vienen –las de la segunda vuelta-, los peruanos deben votar por Keiko Fujimori, pues representa el mal menor y hay, con ella en el poder, más posibilidades de salvar nuestra democracia, en tanto que con Pedro Castillo no veo ninguna”.

Pero el escritor, asegura, que su apoyo tiene condiciones. Para él, Keiko debe comprometerse, en nombre de estas libertades públicas que dice defender ahora, “a respetar la libertad de expresión, a no indultar a Vladimiro Montesinos, responsable de los peores crímenes y robos de la dictadura, a no expulsar ni cambiar a los jueces y fiscales del Poder Judicial, que han tenido en los últimos tiempos una actitud tan gallarda en defensa de la democracia y los derechos humanos, y, sobre todo, a convocar a elecciones al término de su mandato, dentro de cinco años”.

Si se ajusta a estas obligaciones, reafirma, Keiko Fujimori tiene la oportunidad, “única”, de tomar el poder a través de elecciones limpias y de contar con una ancha base social y popular para hacer las reformas necesarias que conviertan al Perú en un país justo, libre y moderno y le devuelvan el liderazgo que alguna vez tuvo en el pasado de América Latina.

En busca de argumentos que expliquen por qué su país terminó tan cerca de ese “abismo”, Vargas Llosa enumera la pandemia y las grandes desigualdades del Perú, pero advierte: “El derecho a votar no basta, si los peruanos se equivocan y votan mal. Ya lo hicieron en la primera vuelta. Es importante que no dupliquen el error”.

Keiko Fujimori, de Fuerza PopularKeiko Fujimori, de Fuerza Popular

Álvaro Vargas Llosa, hijo del ganador del premio Nobel, reveló que la candidata leyó la columna y se puso en contacto. “Tras agradecerle el respaldo, Keiko Fujimori le ha expresado su total acuerdo con las garantías democráticas que le pide mi padre en su artículo”, aseguró en su cuenta de Twitter.

“Agradezco y saludo el respaldo del escritor Mario Vargas Llosa porque en estos momentos no solo nos enfrentamos a la pandemia y al hambre, sino también nos enfrentamos al comunismo”, aseguró esta tarde la candidata de Fuerza Popular en un acto público. “Le he agradecido su apoyo y, como lo vengo haciendo hace muchos años en mi carrera política, le recordé mi absoluto compromiso con la democracia, con la libertad de expresión y la independencia de poderes”, agregó.

La columna del autor de Conversación en la Catedral llegó después de un prolongado silencio que se extendió durante toda la campaña electoral. En sintonía con la apatía general que reinó durante las semanas previas a los comicios, el escritor, que actualmente reside en España, había adelantado que llegaría el momento de hacer alguna declaración… Y con esta columna deja clara su postura.

Es que desde la década del noventa en adelante su opinión ha sido clave para dirigir el voto hacia algún candidato o sepultar las aspiraciones de aquellos con quienes no simpatizaba, incluso cuando en 1990 un desconocido Alberto Fujimori lo derrotó inesperadamente en las urnas cuando él era favorito.

La última vez que el autor de La ciudad y los perros hizo campaña fue en 2016, cuando llamó a votar por Pedro Pablo Kuczynski, un ex banquero de Wall Street que tuvo un opaco gobierno y renunció en marzo de 2018 salpicado por el escándalo de corrupción de la constructora brasileña Odebrecht. “Sería una catástrofe para el Perú que se eligiera a Keiko Fujimori. Sería la reivindicación de una dictadura”, afirmó sobre la rival del banquero en el balotaje de 2016.

Ya había recomendado en 2011 votar por Ollanta Humala, un ex militar apoyado por el presidente izquierdista brasileño Lula y antiguo aliado de Hugo Chávez porque su rival en segunda vuelta también era Keiko. “No va ocurrir, me niego a creer que mis compatriotas van a ser tan insensatos de ponernos en la disyuntiva de elegir entre el sida y el cáncer terminal, que es lo que serían Humala y Keiko”, había dicho previamente sobre ellos.

En 2006 exhortó a votar por Alan García, “el mal menor”, quien había sido uno de sus mayores adversarios políticos en la década de 1980, para evitar la victoria de Humala. “Dije que había que votar por él, aunque fuera tapándose la nariz”, matizó años más tarde.

La campaña para el ballotage recién comienza. Pedro Castillo, de Perú Libre, y Keiko Fujimori, de Fuerza Popular, se medirán el 6 de junio.

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Es seguro tomar un vuelo durante la pandemia por COVID-19?

Más allá de las restricciones impuestas por los distintos gobiernos, en función de la situación epidemiológica de cada jurisdicción, subirse a un avión resulta inevitable y necesario. Cuáles son las formas en la que se corre menos riesgo de exposición al virus SARS-CoV-2

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Los expertos en salud pública sostienen que quedarse en casa es la mejor forma de protegerse y proteger a los demás ante el coronavirus. Pero si, más allá de las restricciones impuestas por los distintos gobiernos, subirse a un avión resulta inevitable y necesario, es importante conocer la forma en la que se corre menos riesgo de exposición al virus SARS-CoV-2, responsable de generar la enfermedad ya conocida por todo el globo, COVID-19.

Lo cierto es que los vuelos están cada vez más llenos y más aerolíneas planean dejar de bloquear e inutilizar asientos para acomodar al creciente número de pasajeros.

Desde comienzos de 2021, Southwest se unió a United y American Airlines al permitir la venta de todos los pasajes disponibles. Por su parte, JetBlue redujo el número de asientos bloqueados y, como Delta y Alaska, tiene previsto retirar todas las limitaciones en algún momento de este año.

Es importante conocer la forma en la que se corre menos riesgo de exposición al virus SARS-CoV-2 (EFE/Mario Cruz/Archivo)Es importante conocer la forma en la que se corre menos riesgo de exposición al virus SARS-CoV-2 (EFE/Mario Cruz/Archivo)

La industria aérea afirma que volar es seguro y señala un reporte financiado por el sector que halló que el riesgo de contagio en los aviones es muy bajo si todo el mundo usa barbijo, ya que los aparatos tienen buena ventilación y potentes filtros de aire.

Pero los Centros para el Control y Prevención de Enfermedades de Estados Unidos (CDC, por sus siglas en inglés) apuntan que sentarse a menos de 2 metros de distancia de otra persona, a veces durante horas, puede aumentar el riesgo de contagio. Y, aunque las aerolíneas siguen pidiendo a los pasajeros que lleven tapabocas, no hay garantía de que todos lo cumplan. Más de 1.000 personas que se negaron a usar mascarilla han sido expulsadas de vuelos de aerolíneas estadounidenses.

Volar supone también pasar tiempo en las filas para los controles de seguridad de los aeropuertos y en las zonas de embarque, donde también podría entrar en contacto con otra gente.

Los CDC advierten que sentarse a menos de 2 metros de distancia de otra persona, a veces durante horas, puede aumentar el riesgo de contagios (EFE/ Carlos Ortega/Archivo)Los CDC advierten que sentarse a menos de 2 metros de distancia de otra persona, a veces durante horas, puede aumentar el riesgo de contagios (EFE/ Carlos Ortega/Archivo)

En una actualización sobre viajes de comienzos de abril, los CDC flexibilizaron sus orientaciones acerca de los viajes nacionales e internacionales para las personas vacunadas, diciendo que los viajeros que estén completamente inoculados “pueden viajar con seguridad dentro de los Estados Unidos”, pero señalaron que hay un riesgo potencialmente muy alto al hablar de viajes internacionales, debido a las variantes que surgen en diferentes naciones como Brasil, Reino Unido y Sudáfrica.

Sin embargo, el organismo sigue desaconsejando viajes no esenciales debido al aumento creciente de infecciones por el virus. El dato no es menor, ya que, según datos aportados por la Universidad Johns Hopkins, el número de casos activos asciende a 56 millones de personas en todo el mundo, que se encuentran en estos momentos cursando la enfermedad. La cifra en la Argentina según el Ministerio de Salud corresponde a 258.000 casos positivos activos en todo el país.

A nivel mundial, los nuevos casos diarios de COVID-19 aumentaron por sexta semana consecutiva hasta el 6 de abril, según las estadísticas de la Organización Mundial de la Salud, con más de 4 millones de nuevos casos y 71.000 muertes semanales.

Los CDC flexibilizaron sus orientaciones acerca de los viajes nacionales e internacionales para las personas vacunadas (Jesús Hellín - Europa Press)Los CDC flexibilizaron sus orientaciones acerca de los viajes nacionales e internacionales para las personas vacunadas (Jesús Hellín – Europa Press)

De acuerdo a Linsey Marr, profesora de ingeniería civil y medioambiental de la Universidad Tecnológica de Virginia, “hay tres factores a tener en cuenta: la prevalencia del SARS-CoV-2 en la población, el barbijo y la ventilación”.

Si la prevalencia del virus -en epidemiología, se denomina a la proporción de individuos de un grupo o una población, que presentan una característica o evento determinado que por lo general, se expresa como una fracción, un porcentaje o un número de casos por cada 10 000 o 100.000 personas- es alta, según Marr, “hay muchas posibilidades de que alguien en ese lugar esté infectado dentro de un avión”.

Del mismo modo, para la experta que estudia la transmisión aérea o por aerosoles del SARS-CoV-2, “todavía estamos aprendiendo sobre la eficacia de las vacunas contra las variantes del virus y sobre el tiempo que pueden proteger a las personas”.

Volar supone también pasar tiempo en las filas para los controles de seguridad de los aeropuertos y en las zonas de embarque  
 (EFE/EPA/NEIL HALL/Archivo)Volar supone también pasar tiempo en las filas para los controles de seguridad de los aeropuertos y en las zonas de embarque (EFE/EPA/NEIL HALL/Archivo)

Los estudios de los inoculantes de Pfizer-BioNTech y Moderna muestran que solo protegen en un 90% contra el coronavirus, y no en un 95%, como se informó en los ensayos clínicos. Traducido a la realidad, eso significa que, por cada millón de personas totalmente vacunadas que vuelen, unas 100.000 podrían seguir infectándose. En este sentido el rol de la mascarilla cobra vital protagonismo, ya que “el agente que causa la enfermedad puede permanecer en el aire durante una hora a través de gotas microscópicas respiratorias llamadas aerosoles”, precisó la especialista en ingeniería medioambiental.

Esto es porque quienes están vacunados de todas formas pueden contraer el COVID-19 y transmitirlo a otras personas, alertan los CDC. En marzo de 2020, afirmaban que un pasajero sin barbijo y asintomático infectó a 12 compañeros que se encontraban ubicados en un mismo sector de la aeronave, dos de ellas sentadas en clase económica y un miembro de la tripulación en un vuelo internacional de 10 horas.

El riesgo de transmisión a bordo durante vuelos largos es real, declaró la investigación de los CDC, ya que “no solo pueden dar lugar a la importación de casos de COVID-19 con diferentes variantes, sino que también pueden crear las condiciones para que se generen a posteriori eventos de superdifusión”.

El riesgo de transmisión a bordo durante vuelos largos es real (EFE/EPA/NEIL HALL/Archivo)El riesgo de transmisión a bordo durante vuelos largos es real (EFE/EPA/NEIL HALL/Archivo)

Sin embargo, un informe de la Universidad de Harvard publicado en octubre de 2020 concluyó que el riesgo de contraer el nuevo coronavirus en un avión es poco frecuente, siempre y cuando las personas se cubran con mascarillas, el aeropuerto tome precauciones de seguridad y los aviones tengan instalados filtros HEPA, es decir, para partículas de aire de alta eficiencia o High Efficiency Particulate Arresting, por sus siglas en inglés. Los filtros HEPA están clasificados para eliminar el 99,97% del polvo, el polen, el moho, las bacterias y otras partículas transportadas por el aire.

El problema es que no todos los aviones cuentan con este tipo de filtros. Los aviones privados de ocio y muchas aeronaves pequeñas alquiladas por empresas para transportar a sus ejecutivos entre reuniones no tienen filtración HEPA.

Las aerolíneas regionales de todo el mundo también pueden utilizar jets más antiguos, turbohélices y aviones con motor de pistón construidos originalmente sin filtros HEPA para completar sus flotas, transportando a miles de viajeros a destinos regionales o a terminales de aerolíneas más grandes para tomar conexiones.

Un informe de la Universidad de Harvard publicado en octubre de 2020 concluyó que el riesgo de contraer el nuevo coronavirus en un avión es poco frecuente (EFE/EPA/KATIA CHRISTODOULOU/Archivo)Un informe de la Universidad de Harvard publicado en octubre de 2020 concluyó que el riesgo de contraer el nuevo coronavirus en un avión es poco frecuente (EFE/EPA/KATIA CHRISTODOULOU/Archivo)

Muchos de estos aviones más pequeños, incluidos los regionales, no necesitan filtros HEPA para purificar el aire de la cabina porque nunca se recircula: el aire se renueva constantemente desde el exterior del avión durante el vuelo. El aire, a menudo llamado “sistema de aire fresco”, es calentado por los motores, destruyendo muchas impurezas, antes de ser enfriado y entrar en la cabina.

En relación al tercer punto planteado por Marr, la experta en transmisión aérea del COVID-19 planteó que cuando los sistemas de ventilación HEPA están funcionando en un avión, esta filtración hace que viajar en un avión grande sea más seguro que comer en un restaurante”. El problema se plantea cuando los mecanismos de ventilación no están garantizados.

Las recomendaciones incluyen el uso en todo momento de la mascarilla, que cubra nariz, boca y mentón, en lo posible elegir aquellos vuelos que no tengan escalas y en las oportunidades que se puede optar por lugares al aire libre elegir estos ambientes y por último en el camino a los aeropuertos viajar en automóviles con las ventanillas bajas, para favorecer la ventilación cruzada.

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